Rigel en Inglaterra

lunes, enero 26, 2009

Man on wire - Sobre la libertad

Recientemente vi el documental "Man on wire", que trata sobre un hombre y su deseo irresistible de caminar sobre la cuerda floja entre las dos torres del World Trade Center.

Hubo un momento de la película que me llamó particularmente la atención. Tras lograr su hazaña, un tumulto de periodistas le rodeó preguntándole por qué lo había hecho. Esta pregunta tan pragmática le resultaba incongruente al artista que acababa de realizar la actuación de su vida, aceptando un riesgo terrible --pues lo hizo sin ninguna medida de seguridad. Lo hizo porque las torres estaban ahí, por la aventura, el riesgo y por saber si podía hacerlo.

En 1924 al alpinista británico George Mallory le preguntaron por qué quería alcanzar la cumbre del Everest y respondió en la misma línea: "Porque está ahí." Su compañero y él murieron intentándolo en agosto de ese año.

¿Es una locura? Sí. Pero escribieron su propio destino. Eligieron perseguir su sueño por absurdo que les pareciese a los demás. Es fácil seguir el camino que ya está marcado: carrera, boda, hipoteca e hijos. Si eso es lo que verdaderamente deseas, ¡adelante! Si lo haces porque sientes que es lo que se espera de ti, o porque eres incapaz de imaginar que existen otras posibilidades, entonces has perdido tu libertad.

Mi madre, a base de cometer muchos errores y de aprender de ellos, ha terminado convirtiéndose en una mujer sabia. Cuando se aventura a darme un consejo sabiendo lo poco receptivas que son las personas a los consejos no solicitados, la escucho atentamente.

Una de las más importantes enseñanzas que me transmitió es que las personas al nacer son enteramente libres. El único límite que tienen es su propia imaginación. Con los años empezamos a cargarnos de conceptos y prejuicios. Aprendemos lo que son los tabúes, lo que "nadie en su sano juicio" hace, lo que "atenta contra los valores", etc. Nos apegamos a ideologías religiosas y políticas; distinguimos entre "los nuestros" y "los otros", como si las personas fuéramos piezas de ajedrez con un color prefijado en lugar de agentes con libre albedrío. Poco a poco limitamos nuestra libertad. Creemos que tener un coche o un piso es necesario con la misma convicción con la que creemos que mañana saldrá el sol. Si descubrimos que alguien no tiene teléfono móvil o correo electrónico nos quedamos de piedra. No sé cuántas veces he oído decir "¿Cómo puedes vivir sin móvil? ¡Es una necesidad!"

Desde que vivo independientemente de mis padres he tratado de tener sólo aquello que honestamente creo que necesito. En ocasiones compro artículos que sé que son solamente accesorios, pero al menos lo hago a sabiendas de su poca importancia. Puede que sea sólo una forma de rebeldía infantil. No lo sé. Al menos es una decisión consciente e intencionada, que es más de lo que pueden decir muchos.

Una breve lista de artículos "necesarios" que no tengo:
  1. Coche.
  2. Televisión.
  3. Despertador (me levanto con la luz del sol).
  4. Teléfono móvil.
  5. Piso/casa/hipoteca.
  6. Plancha.
  7. Reloj de muñeca.
  8. Cama (dormimos con un colchón en el suelo).
  9. Sofá o sillones.
  10. Mascotas.
  11. Decoración.
Mientras estuvimos en Inglaterra ni teníamos espejo en el baño.

No rechazo ninguna de estos objetos en sí mismos. Lo que hago es ser libre de la noción de que son necesarios. No lo son. Durante meses, en Inglaterra no tuve ni sillas ni lavadora. Me sentaba en el suelo o en el colchón y lavaba la ropa a mano. Era jodidamente libre. Todas mis posesiones cabían en una maleta. Lo sé porque la llevé de La Coruña a Londres y pesaba 25 kilos.

Thich Nhat Hanh, quizás el más respetado monje Zen hoy en vida, tras una charla en la que explicó algunos conceptos budistas como la reencarnación, terminó aclarando que estas nociones no eran verdades últimas, sino antídotos contra algunas ideas a las que nos aferramos, como la de que la muerte pone punto final a nuestra existencia. La iluminación, dijo, no es apegarnos a estas nociones-antídoto, sino el ser libres de toda noción.

Me declaro en guerra contra la noción de que necesitamos todos estos objetos; contra la apatía de seguir el camino fácil; y contra el encasillamiento auto-infligido. En definitiva, reclamo nuestro derecho inalienable de poder elegir en cada momento la dirección que queremos tomar en nuestra vida.

2 Comments:

  • En general estoy de acuerdo con el concepto de cosas que no se necesitan aunque la gente crea que son necesarias. Más de una vez lo he dicho de "casa/piso/hipoteca", que parece que la gente pierde el culo por comprar aunque vaya a pasar verdaderos apuros para pagar durante 50 años. Con lo único que no estoy de acuerdo es con el despertador: a tí no te hará falta, pero yo sin uno no me levantaría. Joder, si no me levanto ni con él.

    By Blogger Gabriel, at 11:20 a. m.  

  • Efectivamente, coincido en que ningún objeto debería sernos imprescindible. Tal convicción no es desapego, es sencillamente raciocinio. Sin embargo, no creo que eso necesariamente deba conducir a dormir en un colchón sobre el suelo o carecer de sofá ;-). Personalmente, no siento que sea menos libre por comprarme un mullido sillón orejero donde poder disfrutar de una buena lectura si me apetece. Esa libertad no la pierdo, en mi opinión, siempre que la adquisición no conlleve una dependencia: si mañana ese sillón se incendia y desaparece, mi vida no se reducirá a cenizas con él. Las cosas son cosas, simplemente.

    By Blogger _luara_, at 2:23 p. m.  

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